miércoles, 8 de mayo de 2019

Ácido ascórbico: ese veneno desconocido (III)

Ya hace tiempo escribí sobre pegas que se le ponen a la vitamina C: que si el ácido ascorbico no es la vitamina C natural, que si es abortiva, que si es oxidante y cancerígena. Esta vez voy a comentar sobre quizás la pega más extendida al consumo de vitamina C: su potencial papel en la ocurrencia de piedras en el riñón (cálculos renales) de oxalato cálcico. Para ver cómo de grave y cómo de probable es este peligro, vamos a ver este tema en profundidad:


Ácido oxálico


El ácido oxálico es una sustancia producto, principalmente, del metabolismo de glúcidos en plantas. Los mamíferos no metabolizamos el ácido oxálico y por tanto es una sustancia de desecho para nosotros; eso sí, nuestra flora intestinal puede contener bacterias que sí lo procesan, como la Oxalobacter formigenes (aunque no está clara la utilidad de suplementar probióticos dada su deficiente calidad). Se puede conseguir una menor absorción además de mediante su degradación por bacterias en nuestro intestino, simplemente por su precipitación al reaccionar con el calcio durante la digestión: igual que el oxalato cálcico puede formar piedras en el riñón por su baja solubilidad, también la reacción del ácido oxálico con el calcio sirve para impedir su absorción en el intestino; dado que además parece que la solubilidad del oxalato cálcico aumenta según se acidifica el medio, será en principio baja en las condiciones típicamente tirando a alcalinas del intestino.



Lista de vegetales ricos en oxalatos (fuente: Universidad de Chicago)


Además de su ingestión, también tenemos cierta producción endógena, bien a partir del metabolismo de la hidroxiprolina, bien del del ácido ascórbico, bien de algún otro sospechoso (fructosa, glicina, serina), tal y como exponen en su completo trabajo Glew et alter (2014); los edulcorantes xilitol y sorbitol también son sospechosos.

Así en el estudio de Knight et alter (2006) constataron cómo ante la ingesta de 10g de gelatina, rica en los aminoácidos hidroxiprolina y glicina, se produjo un incremento del 43% en la excreción de oxalato en la orina en individuos sanos. Si bien es poco trascendente en el caso de personas normales sin consumo excesivo de colágeno, en algunos desórdenes genéticos que dan lugar a hiperoxaluria (excreción excesiva de ácido oxálico en la orina) puede ser la causa principal de esta, tal y como comentan Fargue et alter (2018).

La ingestión oral de vitamina C o su infusión intravenosa también trae consigo un aumento de la excreción de oxalatos en la orina, tanto en individuos sanos como en propensos a generar cálculos renales. Así Calábria et alter (2003) constatan un aumento de un 56% en la excreción diaria de oxalatos en individuos sanos tras la ingestión de 1g de vitamina C dividido en dos dosis, algo mayor, 61%, en propensos a generar piedras en el riñón. Robitaille et alter (2009) corroboraron el aumento de excreción de oxalatos en orina en función de dosis crecientes de vitamina C intravenosa, estimando una conversión del 0'5% de la dosis de vitamina C en oxalatos.

¿Cuáles son las potenciales consecuencias de un exceso de concentración de ácido oxálico en la orina? Pues bien, está la suave, los cálculos renales de oxalato cálcico, y la severa, la nefropatía por oxalatos.


Cálculos renales de oxalato cálcico


Los cálculos renales pueden ser de varios tipos, siendo el más común el de cristales de oxalato cálcico.

Prier et alter (2018) presentan un estudio prospectivo con los 157 pacientes recibiendo vitamina C intravenosa en su clínica desde septiembre de 2011 hasta agosto del 2012 con seguimiento de 12 meses de cada paciente, contactado telefónicamente o revisada la causa de defunción en el 94% de los 157: de los 6 sin información a los 12 meses, 4 se habían mudado a ultramar, 1 había fallecido y no había información sobre posibles cálculos renales, y el último no pudo ser  localizado. Habiendo recibido los pacientes un promedio de 15 tratamientos (rango de 1 a 119) con dosis promedio de 50g de vitamina C (rango de 15 a 125), ningún cálculo renal fue notificado incluso en aquellos con historia previa de ellos, el 8% de los pacientes. También comentan sobre hallazgos epidemiológicos previos:
  • Simon & Hudes (1999) en un estudio transversal con unos 10.735 individuos no encuentran relación estadísticamente significativa entre nivel sérico de vitamina C e incidencia de piedras en el riñón ni en mujeres ni en varones, con indicio de relación inversa —mayor nivel de vitamina C en sangre, menos probabilidad de cálculos renales— en estos con razón de probabilidades de 0'72 (P=0'06) por cada incremento de 1mg/dl de concentración de vitamina C.
  • Curhan et alter (1996) realizan un estudio prospectivo sobre 45.251 varones con seguimiento de 6 años, no encuentran relación estadísticamente significativa entre consumo de vitamina C e incidencia de cálculos renales, con indicio de relación inversa con riesgo relativo de 0'78 (intervalo de confianza del 95% de 0'54 a 1'11) entre consumir 1'5g diarios o más frente a 0'25 o menos.
  • Curhan et alter (1999) realizan un estudio prospectivo sobre 85.557 mujeres con seguimiento de 14 años, no encuentran relación entre consumo de vitamina C e incidencia de cálculos renales.
  • Ferraro et alter (2016) realizan un estudio prospectivo sobre 156.735 mujeres y 40.536 varones con seguimiento de unos 11 años, no encuentran relación estadísticamente significativa entre consumo de vitamina C y cálculos renales para las mujeres en el modelo con ajuste multivariable pero sí para los hombres, con un cociente de riesgos de 1'43 (intervalo de confianza del 95% de 1'15 a 1'79) para un consumo mayor a 1g diario frente a uno menor a 0'09g al día en su modelo con ajuste multivariable... de 14 variables; en modelo ajustado sólo por edad, el cociente de riesgos es de 0'98 (intervalo de confianza del 95% de 0'90 a 1'09); en el modelo ajustado sólo por edad para mujeres, el cociente de riesgos entre ambos consumos es de 0'76 (intervalo de confianza del 95% de 0'69 a 0'82).
  • Thomas et alter (2013) realizan un estudio prospectivo sobre 23.355 varones con seguimiento de 11 años, encuentran relación estadísticamente significativa entre consumo de vitamina C y cálculos renales, con un cociente de riesgos de 1'90 (intervalo de confianza del 95% de 1'32 a 2'73) para los consumidores de suplementos de vitamina C frente a los que no en el modelo ajustado por edad. En este estudio excluyeron aquellos que suplementaban otras cosas además de vitamina C, y la incidencia extra de individuos con cálculos renales por suplementar vitamina C era del 0'0147% anual.
  • Taylor et alter (2004) realizan un estudio prospectivo sobre 45.619 varones con seguimiento de 14 años (continuación de Curhan et alter 1996), encuentran relación estadísticamente significativa entre consumo de vitamina C y cálculos renales con un cociente de riesgos de 1'41 (intervalo de confianza del 95% de 1'11 a 1'80) para un consumo mayor a 1g diario frente a uno menor a 0'09g al día en su modelo con ajuste multivariable... de 11 variables; en modelo ajustado sólo por edad, el cociente de riesgos entre ambos consumos es de 1'01 (intervalo de confianza del 95% de 0'81 a 1'22). 

¿Qué nos muestra la epidemiología?

Lo primero, que los procesadores de encuestas de Harvard (todos los autores o parte de Curhan et alter 1996 y 1999, Ferraro et alter 2016 y Taylor et alter 2004) fueron finalmente capaces de arrancar la confesión a los datos. No es algo nuevo, pues ya están acostumbrados los procesadores de encuestas a ajustar lo que haga falta hasta que el resultado se mueva a su gusto, con otro ejemplo claro el comentado por Paul Jaminet en su blog al respecto de los suplementos de vitaminas y minerales, que incluye la esclarecedora cita de Von Neumann:
Con cuatro parámetros puedo ajustar un elefante, y con cinco puedo hacer que mueva su trompa.
Fuente: Piotr en el blog de John D. Cook

Lo segundo, que, de ser real, el riesgo es bajo y quizás se anula con suplementación de algo más, visto el estudio de Thomas et alter (2013) y las variables de los modelos confesantes de Harvard.

También sobre tratamiento de vitamina C intravenosa, tenemos el retrospectivo de Bazzan et alter (2018) sobre 86 pacientes de cáncer durante 7 años en el hospital universitario Thomas Jefferson, recibiendo un total de 3.034 tratamientos con dosis en el rango de 50 a 150g; todos habían sido evaluados para una correcta función renal antes del (y durante el) tratamiento y también habían sido excluidos del mismo aquellos con historia de cálculos renales. Los efectos adversos renales fueron:
  • Un paciente con empeoramiento de función renal, achacado a infecciones recurrentes y al linfoma en progresión, resultando en obstrucción.
  • Otro paciente con empeoramiento de función renal, acudió al hospital tras episodio de náuseas y vómitos, recuperó función normal tras dos días de hidratación intravenosa.
  • Un tercer paciente sufrió un cálculo renal, sin decremento de la función renal.

A pesar de ya haber habido numerosos ensayos aleatorizados con consumo diario de dosis de gramos de vitamina C, parece no haber surgido ningún indicio de mayor riesgo de cálculos renales por la suplementación de la misma, aunque el capítulo de libro de 1997 (octava referencia de Pullar et alter 2013) donde se cita tal resultado no lo tengo accesible.


Nefropatía por oxalatos


La nefropatía por oxalatos es una lesión rara pero grave que trae consigo daño renal y en casos extremos puede dar lugar a enfermedad renal en etapa final, es decir, fallo renal irreversible y necesidad de, bien tratamiento crónico de diálisis, bien trasplante. La diferencia con los cálculos renales está en la precipitación más en el inicio de trayecto de los cristales de oxalato, dañando estructuras delicadas del riñón.

Las causas pueden ser variadas. Así en el estudio de Getting et alter (2013) citan como causas en su primera tabla:
  • Con hiperoxaluria (exceso de oxalatos en la orina):
    • ingestión de:
      • alimentos ricos en oxalatos,
      • vitamina C,
      • etilenglicol (anticongelante de coches);
    • aumento de absorción intestinal,
    • hiperoxaluria primaria (endogénesis aumentada por causa genética),
    • hiperoxaluria tras trasplante de riñón;
  • insuficiencia renal derivando en oxalosis (deposición de cristales de oxalato) sistémica (internamente en todo el cuerpo) y renal.
Decir que el aumento de absorción intestinal va ligado usualmente a la mala absorción de grasas, cuyos ácidos grasos terminan ligando al calcio y dejando la vía libre a la absorción intestinal del ácido oxálico. Esta situación puede producirse, por ejemplo, tras cirugía bariátrica o con medicamentos (sin sentido) que impidan la absorción de grasas como el Orlistat; no está claro si es factor causal próximo en el caso de pancreatitis crónica.

Getting et alter revisaron los casos diagnosticados en la Clínica Mayo entre 1985 y 2010, 65 biopsias de riñón con cristales de oxalato de un total de 7.378 realizadas, e identificaron la causa de todas ellas, con 29 casos con dos o más causas concurrentes. En tres casos una de las causas identificadas fue la dieta (e insuficiencia renal):
  • El caso que dio lugar al artículo. Varón de 81 años consumiendo batidos verdes (también implicados en el caso de mujer de 65 años tras cirugía bariátrica) en todas sus comidas con intención de adelgazar (previamente venía suplementando 2g de vitamina C al día durante al menos los 3 años previos), incluyendo alimentos ricos en oxalatos, con un consumo medio estimado de 1'26g al día (en dieta usual sería en torno a 0'1–0'15g al día); tenía enfermedad renal estable; tras fallo renal agudo y confirmación de nefropatía por oxalatos mediante biopsia, se le practicaron varias diálisis en los 10 días de estancia en el hospital y fue puesto a dieta baja en oxalatos; a los 4 meses había recuperado casi la totalidad de la función renal inicial.
  • Varón de 71 años con diabetes y enfermedad renal crónica, con consumo de dieta alta en oxalatos y suplementando una cantidad indefinida de vitamina C e histórico de cálculos renales.
  • Varón de 75 años con enfermedad renal crónica estable y dieta alta en oxalatos (básicamente cacahuetes).
También en su segunda tabla identifican otros casos donde uno de los factores fue la ingestión de vitamina C:
  • dos casos tras trasplante de riñón, uno de ellos con absorción de oxalatos aumentada,
  • otro caso más con factor insuficiencia renal (como los desglosados más arriba).
En resumen, en este muestreo de 7.378 pacientes con biopsia de riñón, 65 de ellos tenían nefropatía por oxalatos, de los cuales en 5 casos estaba implicado el consumo de vitamina C a mayores de, al menos, bien insuficiencia renal, bien trasplante de riñón.

Además de los de la Clínica Mayo, ¿tenemos constancia de más casos de nefropatía por oxalatos en la literatura científica donde esté implicada la vitamina C? Knight et alter (2017) repasan la literatura científica identificando 10 casos en su segunda tabla:
  1. Varón de 73 años con dieta alta en oxalatos, diarrea crónica (¿mala absorción de grasas?), bajo furosemida (diurético con posible ligerísimo efecto de reducción de expulsión de oxalatos en orina) y suplementando 0'68g al día de vitamina C; tras seis hemodiálisis y tres meses sin suplemento de vitamina C, con dieta baja en oxalatos y con suplemento de 100mg al día de vitamina B6, recuperó la función renal normal.
  2. Varón de 61 años con cáncer de próstata e insuficiencia renal, suplementando jugo verde incluyendo ruibarbo (muy alto en oxalatos) durante tres semanas, sufre fallo renal agudo dos días después de una infusión intravenosa de 60g de vitamina C; recupera parte de la función renal tras 43 días hospitalizado.
  3. Mujer de 51 años con lupus y anemia, insuficiencia renal aguda tras dos infusiones intravenosas de vitamina C en cantidad indeterminada y con anemia agravada (¿efecto de oxalatos?); recuperada la función renal casi totalmente tras tiempo indeterminado.
  4. Mujer de 58 años con amiloidosis y consecuente síndrome nefrótico (daño renal), es diagnosticada con fallo renal agudo tras administración de 45g de vitamina C intravenosa; fallece al quinto día de hospitalización tras fibrilación ventricular intratable; en la autopsia se comprueban placas amiloides en arterias coronarias y signos de infarto de miocardio agudo, sin cristales de oxalatos fuera de los riñones.
  5. Varón de 58 años hospitalizado por quemaduras de tercer grado en el 40% de su cuerpo y daño renal, recibió, entre otros tratamientos, 1g de vitamina C al día por vía intravenosa; tras dos meses, aún hospitalizado, una biopsia del riñón mostró nefropatía por oxalatos, por lo que se le redujo la dosis de vitamina C a 0'2g al día y se le pautó un régimen agresivo de diálisis durante dos semanas; pasado el tiempo recuperó la función renal, murió de un ataque al corazón al cabo de un año y en la autopsia ya no aparecieron depósitos de oxalato cálcico en ningún tejido.
  6. Varón de 31 años consumidor de 2–2'5g diarios de vitamina C, es ingresado con fallo renal tras varios días de un consumo de 5g diarios de vitamina C, 6 días de dolor de cabeza y 3 de náuseas y vómitos; recupera función renal tras tratamiento de diálisis y suspensión de suplementación.
  7. Mujer de 49 años consumidora de 4g diarios de vitamina C por varios meses y altas dosis de ibuprofeno por migrañas, sufre de insuficiencia renal tras 24 horas de náuseas y vómitos; se le practicaron 4 sesiones de diálisis y recuperó de manera paulatina la función renal; los autores achacan parte del daño renal a la situación de deshidratación debida a las náuseas y vómitos.
  8. Varón de 72 años (Lamarche et alter 2011) con enfermedad pulmonar oclusiva crónica, con dieta el último año alta en oxalatos y con consumo de bebida con vitamina C dando lugar a una ingestión de unos 0'48–0'96g diarios, es llevado a urgencias donde le diagnostican nefropatía por oxalatos tras inicio de tratamiento de diálisis; el paciente recupera la función renal tras parar las suplementación.
  9. Varón de 72 años consumidor habitual de varios gramos de vitamina C diarios y con hemicolestomia (mitad del colon extirpado), acude al hospital con insuficiencia renal y deshidratado (¿propenso debido a colestomía parcial?), pero declina taxativamente medidas de resucitación incluyendo hemodiálisis; fallece al cabo de unos días y el diagnóstico de nefropatía por oxalatos es establecido en la autopsia.
  10. Mujer de 58 años (el artículo enlazado hace un repaso también de la incidencia general de la nefropatía por oxalatos) celiaca con un consumo de unos 3–6'5g diarios de vitamina C el último mes, acude al médico tras 5 semanas de debilidad, apetito reducido y halitosis, se le diagnostica fallo renal agudo (3 meses antes función renal normal) y se le practica tratamiento de hemodiálisis con posterior diagnostico de nefropatía por oxalatos tras biopsia; tras 1 año sigue dependiente de diálisis y se la evalúa para trasplante de riñón.

En los casos 6, 7, 9 y 10 no se hace mención alguna a la dieta. En 6, 7 y 9 parece la deshidratación ser un potencial factor desencadenante; en 10 no se habla del estado de su celiaquía, que podría dar lugar a mala absorción de grasas.

En el artículo de Lamarche et alter (2011) donde se expone el caso 8, también incluyen lista de casos de la cual se nutren Knight et alter (2017), pero incluyendo otro caso que estos se dejan atrás:


Realizando una búsqueda lo más exhaustiva que he podido, algún caso más he localizado en la literatura científica. Buehner et alter (2016) comentan dos casos de pacientes quemados finalmente fallecidos:
  • Mujer de 31 años con quemaduras en el 65% de su cuerpo y lesión pulmonar por inhalación de humo, recibe 101g de vitamina C en 18 horas, muere a los dos días del ingreso y la autopsia muestra, entre otras cosas, nefropatía por oxalatos.
  • Varón de 20 años con quemaduras en el 67% de su cuerpo, recibe 224g de vitamina C en 20 horas, muere a los tres días del ingreso y la autopsia muestra, entre otras cosas, nefropatía por oxalatos.
Resaltar que en estos casos, así como el quinto de Knight et alter (2017), la incidencia de insuficiencia renal como consecuencia de quemaduras extensas es alta, en torno al 30%, con mortalidad en torno al 80%, tal y como comentan Clark et alter (2017).

Otros, varios citados por Lumlertgul et alter (2018) y por Glew et alter (2014), el último par citan a Knight et alter (2017):
  • Mujer de 57 años ingresada por neumonía y daño renal agudo, tras 72 días y habiendo recibido 30g de vitamina C intravenosa en ese tiempo, se le diagnostica nefropatía por oxalatos tras biopsia; tras 6 meses desde su admisión recupera parte de la función renal.
  • Mujer de 75 años con ileostomía (con consiguiente riesgo de deshidratación) de hacía 2 meses y un sólo riñón desde hacía 14 años, tras recibir 240g de vitamina C intravenosa a lo largo de 18 días, ingresa en urgencias con fallo renal agudo e infección urinaria; la paciente permanece con tratamiento de diálisis.
  • Mujer de 69 años con cirugía bariátrica previa, diabetes, enfermedad cardiaca congestiva, hipertensión y enfermedad renal en fase 3 estable por 15 años, y consumiendo 1g diario de vitamina C, acude a urgencias y es iniciada hemodiálisis al cuarto día y una biopsia posterior diagnostica nefropatía por oxalatos; la paciente murió en menos de un mes desde su alta de causa desconocida (no se realiza autopsia).
  • Varón de 51 años diabético y tras 3 meses desde la cirugía bariátrica, con consumo de 1g diario de vitamina C, acude a urgencias por malestar por dos días con ingestión de líquidos y micción reducida; confirmada por biopsia nefropatía por oxalatos, recibió tratamiento sin hemodiálisis y recuperó función renal paulatinamente en 10 días.
  • Mujer de 59 años que declina quimioterapia paliativa, tras 30 días con un consumo de 4g diarios de vitamina C, se le diagnostica fallo renal agudo con posterior confirmación de nefropatía por oxalatos con biopsia; tras tres semanas con tratamiento de diálisis no había recuperado función renal y fue trasladada a la unidad de cuidados paliativos.
  • Mujer de 33 años con consumo de 2g diarios de vitamina C por más de diez años con insuficiencia renal de causa desconocida, tras 6 días desde el trasplante de riñón (sin historia previa de cálculos renales, sin ser determinada la concentración de oxalatos ni en sangre ni en orina previa al trasplante) sufre de fallo renal agudo, con posterior diagnóstico de nefropatía por oxalatos tras biopsia; tras tratamiento diario de diálisis no mejora su función renal y pasa a tratamiento crónico de diálisis.
  • Varón de 23 años acude al hospital tras 3 días de malestar, con náuseas y tras 24 horas sin orinar; tras biopsia se diagnostica nefropatía por oxalatos y recibe tres sesiones de diálisis en la primera semana, con mejora de la función renal y recuperación posterior tras 4 meses. Sospecha de exceso de vitamina C en la dieta (0'42g diarios) o intoxicación por etilenglicol que ya desapareciera de su organismo (no detectado en análisis); no se comenta la abundancia o no de oxalatos en la dieta.
  • Varón de 69 años con hiperplasia benigna de próstata y resección previa de parte del intestino grueso (¿potencial peligro de deshidratación?), con un consumo diario de 2g de vitamina C los dos últimos años, acude a urgencias tras tres semanas empeorando en cuanto a fatiga y falta de apetito; se le diagnostica fallo renal; al quinto día inician 4 sesiones de diálisis y se le practica biopsia resultando en diagnóstico de nefropatía por oxalatos; tras cambio de dieta a baja en oxalatos y suprimir el suplemento de vitamina C, recupera gran parte de la función renal a los 4 meses del alta.
  • Varón de 59 años diabético con trasplante previo de riñón de hacía 11 años, ingiriendo una cantidad estimada el último mes de 2–3 g al día de vitamina C por su dieta alta en fruto de anacardo (no el fruto seco) y zumo de este, acude a análisis de control y se le diagnostica fallo renal, por lo que se le ingresa; la biopsia del riñón confirma diagnóstico de nefropatía por oxalatos; tras 5 tratamientos de diálisis recupera función renal y es dado de alta, siguiendo la mejora en el seguimiento 3 meses después.
¿Conclusión sobre el papel de la vitamina C en la nefropatía por oxalatos?: del estudio de la Clínica Mayo por Getting et alter se deduce que no suele estar implicada la vitamina C, y cuando lo está, vistos todos los casos publicados que he localizado, no parece ser sino factor secundario, con causa principal usualmente insuficiencia renal, mala absorción de grasas o deshidratación.


Prevención


Mi conclusión tanto de los estudios sobre cálculos renales como de los casos localizados de nefropatía por oxalatos con vitamina C implicada, es que para evitar ambos teniendo tanto función renal como absorción intestinal normales y sin causa genética de producción endógena excesiva de ácido oxálico, debería bastar con llevar una dieta no muy alta en oxalatos, un consumo de calcio generoso (lácteos en mi caso) y garantizar una buena hidratación.

Por otra parte un consumo excesivo (con cierto sentido común, NO consumo de batidos verdes con ruibarbo, por ejemplo, sino pongamos panzada de chocolate negro) puntual de oxalatos no debería dar lugar a problemas dado que los cálculos renales no se forman de un día para otro y de igual forma que pueden crecer también pueden menguar (vía Ana Muñiz).

Medidas adicionales, de ser necesario, incluirían suplementación de magnesio (reducción de absorción de ácido oxálico y prevención de formación de oxalato cálcico en orina), de vitamina B6 (para reducir endogénesis) y de citrato de potasio (para aumentar el citrato en orina y capturar el calcio, vía Miguel).


Experiencia personal


¿Cómo habían sido mi dieta y hábitos los últimos siete años antes del 2018?:
  • Mi dieta era alta en verduras, siendo dos de las tres de consumo alto (mayoría de días a la semana) tanto las espinacas como las acelgas; la otra, las judías. Es más, casi siempre que cocía las verduras junto con mejillones y/o gambas, pues aprovechaba para beberme el agua de cocción... por eso de los minerales y vitaminas. El peligro de la ignorancia (y de Popeye).
  • Mi consumo de vitamina C era de 3g diarios.
  • Mi consumo de agua era según sed... que no digo que sea mala idea en general, pero que quizás no sea lo adecuado con consumo de suplementos de vitamina C, por ejemplo.
  • Mi consumo de vitamina C en caso de enfermedad, como por ejemplo para combatir catarros/gripes/amigdalitis/otitis/conjuntivitis... era del rango de decenas de gramos, y no siempre con ingesta generosa de agua, por no salir del despacho a por más, por ejemplo.
Además, previo a febrero del año pasado, había descendido mi consumo de torreznos (mitad grasa, mitad proteínas, colágeno y elastina básicamente) en favor de cortezas de cerdo (al menos dos tercios son proteínas), por cuestión de control de existencias. También mi consumo de magnesio había decaído, esta vez más por despiste que otra cosa, pasando de la pastilla diaria de 200mg a una semanal o así, en contra de la estrategia que ya había comentado en su día (consistente en confiar que el magnesio redujese el riesgo de posible cálculo renal).

Pues bien, en febrero del año pasado, tras unos días tomando dosis más elevada de la habitual por un principio de amigdalitis (supongo), tuve una piedra en el riñón izquierdo.

En fin, como en su día le comentaba a Mario por el blog de David Lozano:
«De las piedras en los riñones... no voy a ser yo quien ningunee la experiencia personal: de ocurrirme a mí, o bien hubiese bajado o subido la dosis de vitamina C. Pero o sólo ocurre en personas predispuestas, o sólo en el sexo masculino, porque además de la experiencia clínica del Dr. Cathcart al respecto, también existe, al menos, un estudio donde no se encontro relación entre consumo de vitamina C y piedras en mujeres.»
Aunque adopté en parte la estrategia ahí expuesta, bajando dosis de vitamina C a 0'5–1g al día (sigue siendo dosis efectiva para esquivar el acné juvenil en mi caso), estoy tomando alguna otra medida mucho más importante:
  • bebo fuera de comidas más que antes, sin llegar a sensación de náusea, claro;
  • he vuelto a los torreznos;
  • intento no despistarme con el malato de magnesio... con éxito moderado, que como es el suplemento que tomo a la cena (el resto van en el desayuno) me sigo despistando;
  • procuro sacrificarme y comer queso con alimentos altos en oxalatos, como por ejemplo el chocolate negro; y, la principal,
  • como con menos frecuencia acelgas y espinacas, y cuando lo hago las escurro TODO lo que puedo.

Pues bien, la estrategia por el momento parece efectiva para evitar cálculos renales (ya, tiempo muy corto), pues en lo que va desde entonces ya he saturado en vitamina C tres veces, la primera para un catarro (cantidad contenida, hasta notar ese picorcillo favorable en la nariz al tiempo de la desaparición de síntomas), las otras dos ya más generoso hasta síntoma de saturación habitual. Eso sí, me he pasado a vitamina C en polvo, tanto ácido ascórbico como ascorbato sódico, y ya sólo tomo en pastillas (cápsulas, que relleno yo, de unos 0'8g o así) por conveniencia si tengo que tomarla en el despacho, y en cualquier caso esos días procuro especialmente beber agua en cantidades generosas.

Quien prefiera prescindir de la suplementación de vitamina C, incluyendo sobre todo cuando esté enfermo de catarros, gripes, etc., pues... ¡buena suerte!, sigo pensando que la necesitará más que yo.

sábado, 6 de enero de 2018

Cáncer de cuello de útero, virus del papiloma humano y vacuna: fe, ceguera selectiva y cinismo

(Para hacerse una idea rápida de de qué va esta entrada, sáltese al apartado de Resumen y conclusión.)

Supongo que algunos de los que tenemos hijas aproximándose a la edad de vacunación contra el virus del papiloma humano nos preguntamos (algunos darán por hecho, delegando la responsabilidad en la autoridad que venga al caso) si la vacuna contra el virus del papiloma humano es una vacuna eficaz y segura. Éste ha sido el caso de Centinel, que abordó el tema desde el punto de vista de la revisión bibliográfica en busca de, principalmente, los estudios sistemáticos y meta-análisis al respecto; yo no confundo el resultado con lo que dice o no la Ciencia.

El problema es la falta de profundidad de análisis: sí, es necesario rascar; no, no llega con realizar una recopilación de estudios al peso sin leer los argumentos de los críticos e ir a comprobar si éstos han sido falsados.

De manera similar al caso del aspartamo donde el argumento principal (mi opinión) de los críticos gira en torno al metanol, en el caso de la vacuna del virus del papiloma humano éste gira en torno al aluminio usado como adyuvante en dicha vacuna. En el blog del periodista Miguel Jara (blog que Centinel pide censurar en su totalidad sin aclarar exactamente por qué), el médico de familia Enrique Gavilán expone:
... el suero que recibieron las personas que estaban en el grupo del placebo estaba enriquecido con sales de aluminio, el mismo adyuvante que se utiliza para potenciar el efecto de la vacuna sobre la inmunidad y que se cree puede estar involucrado en muchos de los efectos adversos graves de la vacuna.
Así pues, si ambos grupos iban a recibir la misma cantidad de sales de aluminio, era bastante probable que fuesen a tener el mismo perfil de efectos adversos, llegándose a la conclusión preconcebida de que la vacuna no ofrecía desventajas si se le comparaba con el placebo.
En un artículo coescrito con el también médico de familia Javier Padilla, exponen:
Las bases de datos de efectos adversos, que suponen una importante fuente de datos de seguridad, tienden a estar infrarrepresentadas al depender del grado de notificación voluntaria de los profesionales (vigilancia pasiva). El estadounidense Vaccine Adverse Events Reporting System había recibido en 2,5 años 12.424 notificaciones de efectos adversos (incidencia acumulada de 54 notificaciones por cada 100.000 dosis8). Recientes análisis que incluyen casi 6 años desde el comienzo de la comercialización de las vacunas recogen los datos resumidos en la tabla 3. De todas las vacunas administradas a mujeres de entre 6 y 29 años, la del VPH acapara más del 60 % de las reacciones adversas serias notificadas.

Tal y como le comentaba a Centinel en su blog, ¿qué utilidad tienen meta-análisis de ensayos de intervención de vacunas donde en el grupo de control se usan sales de aluminio en el placebo?: cero patatero. Tal y como expone Chrystopher Exley en su alegato en contra del uso del aluminio dentro del placebo:
Es necesario realizar una muy sólida defensa científica para justificar el uso de un placebo que es en sí mismo conocido por provocar efectos secundarios, y yo no he encontrado tal justificación científica en la literatura sobre vacunación en humanos.
El argumento se rebatirá con pruebas que justifiquen la inclusión del aluminio en el placebo, no en ningún ad hominem contra Exley (no es de la devoción de los de la Science Based Medicine) o los demás. Quien las tenga y no le pueda el aburrimiento, que las exponga.

Por si a alguien no le queda claro:
No se puede inferir la seguridad de una vacuna de ningún ensayo de intervención donde se hayan incluido sales de aluminio en el placebo.
No sólo esto, sino que, como veremos, el diseño de los ensayos de la vacuna contra el virus del papiloma humano está en cuestión.

En fin, dado que no parece que Centinel vaya a completar su entrada, procederé a escarbar e intentar evaluar si los beneficios superan a los riesgos de la susodicha vacuna. Este objetivo va a convertir esta entrada en una especialmente larga, ergo os suelto ya, tras este tocho de contexto, el índice comentado:
Donde sea posible me centraré en España.


Cáncer de cuello de útero y virus del papiloma humano


Un documento interesante donde poder observar el impacto del cáncer de cérvix (cuello de útero) en España es el publicado por la Sociedad Española de Oncología Médica en 2017, con las estadísticas del año 2014, donde refieren las siguientes cifras en cuanto a mortalidad en mujeres:
  • Enfermedad cardiovascular: 63.546 fallecidas.
  • Cáncer: 41.020 fallecidas.
  • Enfermedades respiratorias: 18.881 fallecidas.
El número total de fallecidas, de las estadísticas del INE, fue de 194.259. De esas 41.020 fallecidas por cáncer, ¿cuántas fallecieron a causa de cáncer de cérvix?: 586, el 1'43% de las fallecidas por cáncer, menos del 0'3% de las fallecidas por cualquier causa. Eso sí, la edad media de las fallecidas por cáncer de cérvix, 64 años, es algo menor a la media de las fallecidas por cáncer en general, que parece estar (en la tabla 5 sale un total de 43.103 cánceres mortales, por lo que debe estar contando alguna fallecida en varias filas; no profundizo) cerca de los 74 años. Así también el dr. Gérvas comentaba en 2008:
La mortalidad por cáncer de cuello de útero ha disminuido en España, el 0,7% anual entre 1986 y 2000. Pero en las mujeres de 20 a 39 años ha aumentado. La edad media del diagnóstico del cáncer de cuello de útero en España es de 48 años. La edad media de muerte, de 60 años.

No sé si parte/todos/ninguno de los casos han sido analizados para corroborar si había infección previa por el virus del papiloma humano y si sus cepas coinciden con las de las vacunas utilizadas en España, por lo que hemos de apoyarnos en otros documentos para esa información.

Así en el artículo del 2011 de los denostados Tomljenovic & Shaw (doy por supuesto que de haber extraído el dato incorrectamente ya me avisará alguien) dan en la tabla 1 la prevalencia de los tipos 16 y 18 (únicos considerados en la vacuna Cervarix; incluidos con los tipos 6 y 11 en Gardasil) en los cánceres de cérvix analizados en diversos países; para España: 55'9%; parte de este 55'9% incluirá casos con infección de varias cepas. Sí, eso significa que si la infección por virus de papiloma humano es factor necesario para desarrollar cáncer de cérvix, por vacunar a toda la población conseguiríamos reducir en menos de un 56% su incidencia; aún se producirían más del 44% de los mismos.

Decir que los tipos 6 y 11 también incluidos en Gardasil, es mucho menos probable que den lugar a cáncer (más al respecto sobre la causalidad del virus del papiloma sobre el cáncer de cérvix, más abajo)... es más, el 11 ni lo encontramos en las gráficas del metaanálisis de Clifford et alter del 2003:


Prevalencia por tipo en cáncer cervical tanto de células escamosas como sin especificar (fig. 2)
Por otra parte, además de la vacuna en la prevención de la mortalidad por cáncer de cuello de útero, tenemos el cribado por citología. Historia de cribado en mujeres con cáncer infiltrante de cuello uterino:
De todos los casos, en el 81,7% no había una citología previa, mientras que en un 18,3% se disponía de información de al menos una citología previa. El porcentaje de ausencia de citología previa identificado en nuestra serie es superior al 52,7% descrito en los 6-36 meses que preceden al diagnóstico en Estados Unidos o al 50% descrito en estudios europeos3,4. En todos los trabajos se identifica que la edad avanzada es un factor vinculante a la ausencia de cribado. En nuestra serie, las mujeres sin historia previa de citología tenían 8 años más que las mujeres con historia previa de cribado (57,1 años frente a 49,3, respectivamente).
Dada la menor edad de las pacientes diagnosticadas con cáncer de cérvix y que la ausencia de cribado con citología no parece ser el factor principal, bien pudiera justificar medidas preventivas... la idea de tomarlas usando una vacuna contra el virus del papiloma humano descansa tanto en que éste sea causante de una gran proporción de estos como en que la vacuna tenga una seguridad altísima.

Virus del papiloma humano como causa

Tal y como comenta Centinel sobre el virus del papiloma humano (VPH) y el cáncer genital:
Entre todas estas, la relación más estudiada es la de los cánceres genitales, en concreto el importante papel del VPH en el desarrollo del cáncer de cuello de útero. Las investigaciones (1234) indican que el virus es condición necesaria para el desarrollo de la mayoría de este tipo de cánceres.
Ciertamente parece que la infección por una cepa de VPH de alto riesgo parece ser requisito necesario para desarrollar posteriormente cáncer de cérvix en la mayoría de los casos (mayor al 93%). Dicho esto, no es cierto que se pueda prevenir completamente el contagio ni tan siquiera de las cepas incluidas en las vacunas al inmunizar antes de la adolescencia, dado que la transmisión no se circunscribe a las relaciones sexuales como se constata en estudios de incidencia en población infantil (meta-análisis de Lee et alter, por ejemplo, o estudio serológico —de Geijersstam et alter). Por otro lado, también sabemos que aproximadamente dos tercios de las infectadas (y supongo infectados) por VPH de alto riesgo se recuperan de la infección en un plazo menor a 2 años.

A pesar de que en la primera referencia Walboomers et alter amplían la prevalencia de infección por VPH en casos de cáncer del 94% al 99'7% una vez incluidas cepas indeterminadas, bien pudiera ser que estén sacando conclusiones que no impliquen a cualquiera de las cepas del VPH como causa del cáncer. ¿Por qué? Primero, porque no he encontrado estudio donde busquen con tanto ahínco como ellos en los casos de cáncer la presencia de VPH en población sana de edad comparable. Segundo, porque sólo las cepas de alto riesgo tienen la peculiaridad de tener una mayor incidencia en mujeres con cáncer de cérvix que en mujeres sin él, además de contar alguna de ellas con estudios en tubo de ensayo que implican a alguna de sus proteínas; las cepas clasificadas como de bajo riesgo simplemente podrían estar en cualquiera sin que ello signifique que sean causa del cáncer. No obstante, y habiendo pruebas suficientes de la existencia de cáncer de cérvix no causado por el HPV, sí que éste parece minoritario.

Siendo la infección por cepa de alto riesgo requisito necesario casi siempre, es completamente cierto que no es causa suficiente. Es más, hay quien postula otras causas principales del desarrollo del cáncer de cérvix, como McCormack et alter en 2013 que proponen anormalidades en el número de cromosomas, comentando también sobre las teorías prevalentes actualmente (las citas son fácilmente accesibles en los enlaces incluidos en la sección de referencias):
Sorprendentemente las teorías actuales tanto del virus del papiloma como de la mutación para los carcinomas no mencionan los contenidos individuales de ADN y los fenotipos de los carcinomas. La teoría vírica mantiene que genomas virales defectuosos integrados aleatoriamente, que no son inmunogénicos y permanecen frecuentemente sin transcribir, causan carcinomas cervicales con cofactores desconocidos 20–50 años después de la infección [13, 17, 18, 21, 22, 23, 24, 25, 26, 27, 28, 29, 30, 31, 32, 33, 34, 35, 36]. Dado que secuencias del virus del papiloma defectuosas e inactivas están presentes en al menos 50 millones (30%) de mujeres de EE.UU. sin cáncer [37] en comparación a 12.000 carcinomas cervicales anuales [38], estos cofactores deben de ser muy raros sucesos. Por otro lado, los carcinomas sin virus son atribuidos a mutaciones de ciertos genes supresores de tumores, especialmente el gen p53 [12, 13, 16, 39, 40, 41, 42, 43, 44, 45]. Pero la paradoja de cómo, bien unas pocas mutaciones, bien genomas virales defectuosos, generan carcinomas con ilimitados “contenidos anormales de ADN”, grados de malignidad y individualidades fenotípicas, permanece sin resolver [1].

Es por tanto perfectamente plausible que se pueda encontrar un remedio que evite el cáncer de cérvix sin implicar una vacuna antivírica. ¿Cuál podría ser una vía...?


Vitamina D


El papel de la deficiencia de vitamina D en todo tipo de cánceres tiene su base en, al menos, la amplia intervención de la vitamina D en el sistema inmune, incluyendo, entre otros efectos, la promoción de péptidos antivirales y antibacterianos como la catelicidina (presuntamente implicada en la defensa contra los virus del papiloma humano) y alguna defensina. En su artículo de 2012 el Dr. Grant nos dice al respecto de la epidemiología del cáncer de cérvix respecto a la vitamina D:
Cáncer cervical: Dos estudios (7, 33) encontraron una correlación inversa entre índices solares de UVB y mortalidad por cáncer cervical (7, 34), y dos estudios en China y Francia encontraron una correlación inversa con la tasa de incidencia de cáncer cervical (30, 34). El tabaquismo es un importante factor de riesgo para el cáncer cervical (79), complicando los estudios ecológicos. Dado que el otro estudio en EE.UU. comparaba sólo estados del norte con estados del sur (8), y las tasas de cáncer de pulmón son mucho mayores en el sur que en el norte (50), esto puede haber limitado la habilidad del estudio para encontrar una correlación inversa con respecto a la los UVB solares. Un estudio caso-control en Japón encontró un riesgo significativamente menor de neoplasia cervical con un aumento de la toma de vitamina D oral (80).
Curiosamente en el libro HPV and Cervical Cancer del 2012 la única mención que se hace a datos sobre vitamina D en la epidemiología de este cáncer es la del estudio de González et alter del 2010 sobre consumo de vitamina D en alimentos en población dispersa por Europa del estudio EPIC: sin tener una población con una exposición más homogénea a los rayos solares ultravioleta, no podemos decir que sea sorprendente que no encontrasen ninguna relación. Algunos pensaréis que la ceguera selectiva parece defendible siempre que se trate de denostar el papel de cualquier sustancia que no sea patentable.

Resultado epidemiológico posterior interesante es el del estudio de Shim et alter del 2016 (comentado tanto por Henry Lahore como por Amber Tovey), evaluando la prevalencia de infección por VPH según nivel de calcidiol en sangre.

Fuente: Figura 1 de Shim et alter
En la línea punteada podemos observar la prevalencia de infección por al menos una de las 4 cepas de VPH incluidas en la vacuna Gardasil (recordemos que 2 de ellas más bien asociadas con verrugas, no con cáncer). Pues bien, numéricamente los resultados de riesgo relativo corrigiendo por edad, raza y estado marital fueron, frente a tener un nivel de más de 30ng/ml de calcidiol en sangre (24'8% de las 2.353 analizadas):
  • 2'90 (intervalo de confianza del 95%: 1'32–6'38) para aquellas con menos de 12ng/ml (10'2% de las analizadas);
  • 2'19 (IC 95%: 1'08–4'45) para aquellas con 12–19 ng/ml (25'3% de las analizadas);
  • 2'19 (IC 95%: 1'22–3'93) para aquellas con 20–29 ng/ml (39'7% de las analizadas).
A mí me hubiese gustado ver también los resultados por cuartiles, con mismo número de sujetos en cada uno de los 4 intervalos, lo cual llevaría a intervalos de confianza más parejos.

Pues bien, en febrero del 2017 Vahedpoor et alter (vía Henry Lahore) publicaron el resultado de un ensayo aleatorizado doble ciego (29 mujeres en cada grupo) con 50.000UI de vitamina D oral cada dos semanas durante 6 meses para ver el efecto en lesiones precancerosas CIN-1 (neoplasia intraepitelial cervical grado 1). La mediana (mitad de valores por encima, mitad por debajo) del nivel de calcidiol en sangre para el grupo de control al inicio del estudio fue de 11'2ng/ml y al final de 10'5ng/ml, mientras en el grupo de intervención al inicio fue de 10'8ng/ml y al final de 26'8ng/ml: aun con una dosis no cutre de unas 3.500UI/día, más de la mitad en el grupo de intervención aún estaban por debajo de 30ng/ml. Aun así, ¿cuál fue la tasa de regresión de la lesión en ambos grupos?:
  • 53'8% en el grupo de control,
  • 84'6% en el grupo de intervención.
El valor P de este resultado fue del 1%: probabilidad de que el resultado haya sido debido al azar α(P) de al menos el 11'1%; sin embargo, el encontrarnos un resultado consistente tanto con nuestro conocimiento de las funciones de la vitamina D como con los resultados epidemiológicos expuestos, hacen que el resultado sea altamente confiable.

Vahedpoor et alter también constataron en el grupo de intervención una mejoría tanto en la sensibilidad a la insulina (P<0'1%) como en los niveles de glutatión (P=0'1%)... que tampoco estorban.

Dado tanto éste como otros resultados sobre suplementación con vitamina D, sólo la desinformación o la desidia permiten ignorar que gran parte de la población tiene un nivel de calcidiol inferior a 30ng/ml.


Aluminio


Antes de que alguien me acuse de alarmista, no es mi objetivo el dejar patente la toxicidad del aluminio en dosis altas, que supongo que nadie podrá discutir, sino la clara inutilidad de cualquier ensayo clínico que use un placebo con aluminio: es imposible inferir NADA acerca de la seguridad del tratamiento real. Por cierto, parece que todo el mundo está muy cansado por Twitter adelante cuando pido pruebas.

El aluminio es el principal adyuvante en vacunas desde los años 20, dada la necesidad de potenciar la reacción del sistema inmune ante vacunas que ya no eran con organismos vivos de infección atenuada, sino con organismos muertos o con antígenos particulares de los mismos, como exponen Petrovsky & Aguilar en su ensayo del 2004. También comentan algunos inconvenientes:
Aunque el aluminio es capaz de inducir una buena respuesta de anticuerpos (Th2), tiene poca capacidad de estimular respuestas inmunes celulares (Th1) que son tan importantes para la protección contra muchos patógenos. Además, el aluminio tiene el potencial de causar efectos secundarios severos tanto locales como sistémicos, incluyendo abscesos estériles, eosinofilia y miofascitis, aunque afortunadamente la mayoría de los más serios efectos secundarios son relativamente raros. Existe una preocupación dentro de la comunidad respecto al posible papel del aluminio en enfermedades neurodegenerativas tales como la enfermedad de Alzheimer. En consecuencia, existe una demanda no cubierta de adyuvantes seguros y no tóxicos capaces de estimular la inmunidad celular (Th1).
Una cuestión interesante: ¿contra qué aumentan la respuesta inmune si los inyectas como parte del placebo?

También cabe resaltar que, tal y como apunta el dr. Gérvas, la inmunidad natural adquirida ante infección de virus del papiloma humano es fundamentalmente inmunidad celular, no mediante anticuerpos en sangre, que es la única que consigue la vacuna.

Ahondando en la toxicidad del aluminio, y no es que su titulación sea santo de mi devoción, la entrada de Erika, naturópata, me parece pertinente. Traduzco un par de fragmentos:
Existe algo de investigación en infantes pretérmino acerca de la exposición a aluminio vía alimentación parenteral. Sabemos que infantes alimentados con nutrición parenteral (contaminada con aluminio) retienen hasta el 75%. Exposición mayor a 10 días implicaba problemas neurológicos. También van a tener problemas de huesos de adolescentes (este hecho está muy bien investigado en este momento).
También sufren desarrollo neurológico disminuido. Infantes pretérmino alimentados con nutrición parenteral contaminada con aluminio pierden 1 punto por día en el Índice de Desarrollo Mental de Bayley. Las consecuencias neurológicas a largo plazo no han sido aún estudiadas, pero sabemos que puntuaciones de Bayley bajas traen consigo un mayor riesgo de futuros problemas educativos.
Sin embargo, y a pesar de ser el eje para la determinación de dosis seguras en la vacunación de niños, el impacto del aluminio y su distribución dentro del cuerpo depende no sólo de la dosis sino de la sustancia concreta y de qué tamaño de partículas se llegan a formar, tal y como exponen Crépeaux et alter:
En conclusión, el perfil no lineal en la dosis-respuesta documentado en el presente artículo, en la cual la dosis más baja pero no la más alta es neurotóxica en ratones, es un conocimiento novedoso en el campo de la seguridad del aluminio como adyuvante. Este hecho puede sugerir que la toxicidad de Alhydrogel® obedece reglas específicas de la toxicología de partículas en vez de una relación simplista dosis-respuesta. Como posible consecuencia, comparar la exposición a adyuvantes en vacunas con otras exposiciones a aluminio no relevantes, como por ejemplo a alumino soluble y otras rutas de exposición, pueden no representar aproximaciones válidas. Por ejemplo, la tasa de retención de aluminio observada tras inyecciones intravenosas de citrato de aluminio soluble trazable (Priest, 2004) ha sido usada para fijar el tranquilizador modelo infantil de retención de adyuvantes de aluminio (Mitkus et al., 2011). Este modelo se basó en la hipótesis de que los adyuvantes de aluminio son disueltos por los iones citrato en el fluido intersticial muscular (Flarend et al., 1997), sin ninguna consideración por la rápida absorción celular del adyuvante y la difusión sistémica a largo plazo de los aglomerados de adyuvante (Khan et al., 2013; Eidi et al., 2015). En el contexto del desarrollo masivo de estrategias mundiales basadas en vacunas, el presente estudio puede sugerir que la toxicocinética y seguridad de adyuvantes de aluminio requieren de reevaluación.
¿Cuál ha sido la respuesta a este estudio poniendo en duda la cadena de razonamientos en defensa de las dosis seguras de aluminio como adyuvante en vacunas? Pues la muy científica réplica... no, no ha sido: tendremos que conformarnos por el momento con la crítica de Hawkes & Benhamu en el 2017, poniendo en cuestión cantidades y tiempos aderezado con una pizca de ad hominem; curioso que no digan ni mu de la cuestión principal de si los macrófagos pueden ser el caballo de Troya que introduzca las nanopartículas de aluminio en el sistema nervioso; tampoco lo hacían previamente (con otros 3 coautores) en el 2015 al citar un artículo previo del grupo de Crépeaux, quedándose en la crítica a las cantidades. A mí me parece poco científico tanto obviar la réplica y estudio del fenómeno y tanto concentrar esfuerzos en denostar la inadecuación de las dosis, y más cuando están precisamente exponiendo un efecto no lineal de las mismas.

En fin, menos mal que los inteligentes y brillantes expertos no se han dedicado a fijar límites a nuestro consumo de cianuro viendo cuánto carbono o cuánto nitrógeno resulta tóxico. ¿Implica que no se sabe cuánto aluminio en vacunas resulta potencialmente peligroso para un individuo?: sí, exactamente eso, a priori no se sabe. Por supuesto que una vez que los expertos han decidido que las dosis son seguras basándose en razonamientos indirectos sin validar y las vacunas se han desplegado, siempre se puede observar el resultado obtenido y ver cómo de lejos han quedado sus suposiciones. Yo sólo voy a exponer los efectos sospechosos en el caso concreto de vacuna contra el virus del papiloma humano; por cierto, el riesgo asumible ante enfermedades con mortalidad y secuelas infantiles altas es completamente distinto al asumible ante enfermedad de baja incidencia, baja mortalidad y elevado tiempo de latencia: no hay adolescentes muriendo de cáncer de cérvix.

¿Qué se sospecha que es producido por el aluminio adyuvante de, entre otras, la vacuna del virus del papiloma humano?: en la interpretación más inclusiva, el denominado síndrome autoinmune inducido por adyuvantes (ASIA por sus siglas en inglés), término acuñado por los drs. Shoenfeld & Agmon-Levin  en 2011 (del mismo grupo, Watad et alter en el 2017 comentan un compendio de 300 casos). Como síndrome agrupa padecimientos de lo más variopinto:
  • siliconosis, reacción a prótesis de silicona;
  • síndrome de la Guerra del Golfo, donde parece que se sospecha de exposición a alguna sustancia en el acuartelamiento de los soldados;
  • síndrome de miofascitis macrofágica (MMF por sus siglas en inglés);
  • y fenómenos postvacunales donde los pacientes han sido expuestos a algún adyuvante y presentan síntomas clínicos similares.
Sí, ciertamente un poco cajón de sastre, pero los autores han creído conveniente agrupar los efectos de adyuvantes de vacunas con los de otras sustancias.

La MMF está asociada a vacunas de hepatitis y tétanos con el ingrediente común de hidróxido de aluminio, tal y como expusieron Gherardi et alter en 2001, donde los pacientes biopsiados mostraron persistencia del aluminio en el lugar de inyección intramuscular (entre 3 y 96 meses tras la vacunación, mediana de 36 meses), y que habían padecido los síntomas de la MMF en un tiempo variable tras la vacunación con mediana de 11 meses. Asimismo los pacientes de MMF pueden llegar a padecer disfunciones cognitivas similares a trabajadores de fundición expuestos a aluminio inhalado como comentan Gherardi & Authier en el 2012Sebaiti et alter en el 2017 han caracterizado más pormenorizadamente la casuística de disfunción en 105 pacientes.

Las reacciones postvacunales anti virus del papiloma humano caerían en el último ítem.

A propósito de la plausibilidad del ASIA por adyuvantes, ¿qué dicen los críticos Hawkes et alter en el artículo del 2015?:
La conexión entre un adyuvante, que por definición está diseñado para estimular el sistema inmune, con enfermedades resultado de la desregulación del sistema inmune (tales como enfermedades autoinmunes e inflamatorias) es como mínimo biológicamente plausible y tiene un valor clínico prometedor.
A pesar de ello, vuelven a lo suyo (criticar cantidades, bueno, en este caso incluyendo tamaño de muestra) cuando ya se ha observado problema comparable en la vacunación de ovejas, con la réplica (mayor cantidad de inoculaciones, 14, totalizando 56 mg de Aluminio) en ensayo controlado sobre 3 ovejas por grupo publicado por Luján et alter en el 2013... y de las lesiones medulares lumbares halladas Hawkes et alter ni mu. Eso sí, al menos Hawkes et alter no se quedan en la revisión cómoda, incompleta y chapuzas de sólo incluir artículos retractados del Dr. Ameratunga et alter en 2017 (sí, posterior... ya veis que la revisión por pares no es garantía de nada).


Vacuna del virus del papiloma humano

Al respecto de los efectos adversos de la susodicha vacuna detectados en la población tras el despliegue de la misma, cabe resaltar los artículos sobre casos clínicos tanto del grupo de Louise Brinth (Doctora y médico) en Dinamarca como del del dr. Kinoshita (y algún otro) en Japón. Parece que el curso de acción en Europa ha diferido enormemente del seguido en Japón.

No entraré en los estudios epidemiológicos de menor calidad consistentes en el barrido de bases de datos en busca de incidencia de diagnósticos: no es realista cuando muchas de las pacientes tardan largo tiempo en recibir un diagnóstico para sus síntomas, como quedará patente en lo expuesto a continuación.


Serie de casos clínicos: Dinamarca

Ante la asociación expuesta por Louise Brinth entre la vacuna anti virus del papiloma humano y el síndrome POTS/CRPS (síndrome de taquicardia ortostática postural / síndrome de dolor regional crónico) la EMA (agencia europea del medicamento) decide ignorar parte de los efectos adversos reportados, a lo que la Dra. Brinth dedica un extenso informe de 63 páginas. Algunos fragmentos (páginas 8 y 9; mis negritas):
Creo que las vacunas anti-VPH tienen el potencial de contrarrestar tanto la mortalidad como la morbidez —tanto muerte como sufrimiento— a largo plazo. Sin embargo, estamos lidiando con una medida preventiva y por tanto requiere una intensa observación de la seguridad.
Hemos evaluado más de 300 pacientes con sospecha de efectos secundarios a la vacuna anti VPH cuadrivalente en los últimos cuatro años. Hemos encontrado consistencia tanto en los síntomas comunicados como entre nuestros hallazgos y aquellos descritos por otros. Una definición del caso de las pacientes que hemos visto sería fatiga excesiva de larga duración y disfunción autonómica pronunciada conjuntamente con severos dolores de cabeza no del tipo migraña, disfunción cognitiva, malestar gastrointestinal y dolor diseminado de carácter neuropático. [15, 16, 25] Las pacientes descritas pueden haber sido etiquetadas con diferentes diagnósticos —y muchas no han sido diagnosticadas en absoluto— pero los síntomas descritos son aparentemente muy similares.
Cabe resaltar que la Dra. Brinth comenta sus tres estudios publicados en orden de escritura.

En el primero comentando (referencia 16) documenta la serie de primeros 35 casos consecutivos referidos a su Unidad de Síncope con síntomas sospechosos de ser debidos a la vacuna cuadrivalente anti VPH desde mayo del 2011 hasta marzo del 2014. El tiempo medio entre la inoculación de la vacuna y el advenimiento de síntomas fue de 9'3 días (rango 0–30), todas las pacientes tenían intolerancia ortostática y el 60% cubrían los requisitos para el diagnóstico de POTS.

En el segundo (referencia 15) filtra las serie de primeros 75 casos consecutivos referidos a la misma unidad por misma causa desde mayo del 2011 hasta diciembre del 2014, quedándose con los 53 con presentación de síntomas en menos de 2 meses desde la inoculación y en los cuales no fue posible identificar otra causa. El tiempo medio entre la inoculación de la vacuna y el advenimiento de síntomas fue de 11'1 ± 12'5 days (rango: 0–58), todas las pacientes presentaban síntomas consistentes con disfunción autonómica pronunciada y el 53% fueron diagnosticadas de POTS.

En el tercero (referencia 25) se presentan los resultados de una encuesta relativa a síntomas de encefalomielitis miálgica / síndrome de fatiga crónica (ME/CFS por las siglas en inglés) realizada a la totalidad de 90 pacientes referidas a la misma unidad por la misma causa desde mayo del 2011 hasta abril del 2015: contestaron 39. El 87% cubrían los requisitos para diagnóstico de ME/CFS mientras que el 55% lo hacían para el de POTS.

Al respecto de la inclusión del aluminio en el placebo, otro fragmento del informe de la Dra. Brinth (página 36):
Hasta donde tengo constancia, en los ensayos clínicos de las vacunas contra el HPV actualmente en uso, adyuvantes dañinos o productos incluyéndolos fueron usados como el control: ¿el adyuvante aluminio para el Gardasil y la vacuna contra la hepatitis-A incluyendo aluminio adyuvante para Cervarix? Incluso si no hubiese una clara diferencia en efectos adversos serios entre el grupo recibiendo la vacuna y el que recibió el placebo, ¿acaso podría ser precipitado concluir que la vacuna es segura?
Mentes lúcidas llegan a la misma conclusión: el aluminio no pinta NADA en el placebo.

Respecto a la probable autoinmunidad subyacente, un par de fragmentos (páginas 39 y 40; sus negritas):
Desde mi punto de vista si estamos lidiando con una asociación causal entre las vacunas y los síntomas descritos como sospechosos efectos secundarios, podríamos estar lidiando con cambios patofisiológicos en el sistema nervioso con una génesis (auto)inmune en individuos (genéticamente) susceptibles.
Soy consciente de que el POTS está probablemente asociado con autoinmunidad, porque ésta es la percepción actual en el campo científico relativo al POTS. Están empezando a surgir publicaciones describiendo el hallazgo de autoanticuerpos en pacientes diagnosticados con POTS. Los mismos anticuerpos son también hallados en CRPS y ME/CFS. Sé que estos estudios son pequeños, pero pienso que representan cierta información muy importante y un cuerpo de evidencia generadora de hipótesis. Volveré sobre el tema e incluiré referencias al respecto en la sección 6 (“¿Es la encefalopatía miálgica / síndrome de fatiga crónica un diagnóstico relevante?”).
Dilucidando el principal problema, mi opinión, con el registro consistente de efectos adversos, fragmento al respecto (página 45):
En Dinamarca —y supongo que el mismo problema se aplicará a otros países— si estás enfermo es más fácil obtener ayuda si tienes un diagnóstico. Sólo “estar enfermo” no es suficiente. Usamos el diagnóstico como lenguaje. Cuando podemos emparejar un cierto paciente con cierto diagnóstico le da sentido a cómo de enfermo está este paciente, qué tratamiento es relevante, si es contagioso, puede conducir un coche, etc. A lo largo del mundo, Dinamarca es conocida como uno de los países líderes respecto a la investigación basada en registros, porque durante décadas hemos desarrollado registros hospitalarios de alta validez. Sin embargo, las chicas vacunadas sufriendo de posibles efectos secundarios no estarán listadas en los registros si no se les asigna un diagnóstico.
Y por último, fragmento (página 51) respecto a las consecuencias de la fe ciega en el paradigma imperante donde las vacunas son vistas como la panacea:
He sido contactada por bastantes de mis colegas doctores o investigadores tanto de Dinamarca como de otros países. Muchos de ellos me dicen que ellos tienen la misma sospecha, ven el mismo patrón, pero la mayoría de ellos temen exponerla abiertamente.

Series de casos clínicos: Japón

Kinoshita et alter en 2014 presentan la serie de casos con las 44 adolescentes que acudieron al hospital de la Escuela de Medicina de la Universidad de Shinshu durante un periodo de 9 meses presentando síntomas diversos tras haber sido previamente vacunadas contra el VPH, siendo excluidas del estudio 4 de ellas por presentar otros diagnósticos. El tiempo medio, más/menos desviación típica, entre la inoculación de la vacuna y la presentación de síntomas fue de 5'47±5'00 meses; de las 40 pacientes, 29 mostraban disfunción simpatética obvia y la incidencia individual de síntomas está descrita en la tabla 4 del artículo, incluyendo:
  • 24 con desregulación ortostática,
  • 19 con dolores de cabeza,
  • 18 cumpliendo el criterio de diagnóstico internacional de CRPS (4 según el criterio japonés),
  • 17 con dolores en miembros,
  • 16 con paresia (movimiento voluntario débil) de algún miembro,
  • 14 con alteración en el andar,
  • 12 con temblores en miembros,
  • 8 con hipotensión ortostática,
  • 4 con POTS.
También realizan una pormenorizada descripción de 5 de los casos, de los que cabe resaltar el primero expuesto, donde tras la presentación ya de síntomas adversos con la primera inoculación y sin haber sido resueltos éstos, se le administró la segunda dosis de vacuna, resultando en empeoramiento de síntomas. En el tercer caso también se le administraron las siguientes dos dosis de vacuna cuando aún estaba sufriendo los efectos adversos de la primera, fiebre diagnosticada como psicosomática, tras las cuales la fiebre se resolvió paulatinamente para ser sustituida por temblores y dolores en extremidades, todo también diagnosticado como psicosomático.

El mismo grupo presentan en Ozawa et alter en 2017 una serie más larga con las 163 pacientes que acudieron al hospital de la Universidad de Shinshu por padecer eventos adversos tras la vacunación contra el VPH desde junio de 2013 hasta diciembre de 2016, siendo excluidas del estudio 43 de ellas por razones diversas (otros diagnósticos, síntomas previos, etc.). De las 120 restantes, 72 fueron diagnosticadas con probable o definitiva reacción adversa a la vacuna, las cuales sufrieron el advenimiento de síntomas tras la primera inoculación de la vacuna en un tiempo de entre 1 a 1.532 días (promedio 319'7 ± 349'3 días), con aparición de síntomas tras la primera dosis en el 16'7%, tras la segunda en el 29'2% y tras la tercera en el 52'8% (desconocido en el 1'3%); 83'3% sufrían fatiga general, 81'9% dolor de cabeza, 83'3% síntomas disautonómicos, 62'5% disfunción motora, 58'3% discapacidad en el aprendizaje.

Nishioka et alter en 2014 proponen en un congreso el nuevo diagnóstico vacunación de HPV asociada con síndrome neuroinmunopático (HANS), tras análisis clínico (reumatólogico, pediátrico y neurológico) de 25 de las adolescentes de las 45 registradas con la organización ad hoc (organización de equipo de trabajo de investigación) creada ante los primeros casos. El mismo grupo expone varios estudios en congresos de 2015: Hirai et alter la conclusión del origen no psicogénico del HANS sobre el estudio de 35 casos; Hirai et alter los resultados del estudio mediante tomografía computerizada de 30 de las diagnosticadas con HANS contrastada frente a 19 voluntarios sanos; Kuroiwa et alter la evalución neurológica completa de 10 pacientes hospitalizadas en el ala neurológica. Hirai et alter en otro congreso en 2017 exponen resultados de otras pruebas sobre 39 pacientes. El mismo grupo (o al menos alguno de ellos en colaboración) expone en Aratani et alter en 2016 la reproducción del daño del sistema nervioso en un estudio en ratones con inoculación tanto de vacuna contra el VPH como de la toxina de la bacteria de la tos ferina (para permitir el acceso de la vacuna al sistema nervioso).

En Japón la vacuna contra el virus del papiloma humano estuvo disponible desde 2009 y fue introducida en la lista nacional de vacunas obligatorias (con coste cubierto) en abril de 2013; fue retirada de la lista tres meses después (comentario amplio con información actualizada en el blog de No Gracias). Al igual que en EE.UU., el número de notificaciones de efectos adversos de las vacunas contra el VPH son considerablemente mayores que en otras vacunas.

Series de casos clínicos: otros

Hay varios artículos en la literatura científica al respecto de diagnósticos similares tras la vacunación.

La Dra. Brinth (et alter) cita, en su primer artículo escrito, el artículo de Blitshteyn en 2014 exponiendo 6 casos de POTS en EE.UU., tras un tiempo entre 6 días y 2 meses de la vacunación contra el VPH. En el tercer caso expuesto, tras presentación de síntomas tras la primera inoculación y sin estar completamente resueltos (con medicación), aún se le administraron las dos dosis siguientes, con empeoramiento de síntomas. En el sexto caso, tras presentación de síntomas tras la primera inoculación, aún recibió la segunda con agravamiento de síntomas.

También en EE.UU. tenemos el caso clínico expuesto por Kafaie et alter en 2016 de una paciente con dolor generalizado.

Kinoshita et alter en 2015, en respuesta a un comentario a su artículo del 2014, también cita el artículo del dr. Martínez-Lavin en 2014 exponiendo 2 casos en Méjico de advenimiento de fibromialgia tras la inoculación de la vacuna contra el VPH, uno de inicio inmediato y el otro tras 4 semanas.

Palmieri et alter en 2016 también exponen una serie de 18 adolescentes referidas a su Red de Segunda Opinión Médica para la evaluación de neuropatía con disfunción autonómica tras recibir la vacuna contra el VPH. La aparición de síntomas tras la administración de la vacuna fue tras 1–5 días en 11 casos, tras 5–15 en 5 ya tras 15–20 en 2. En cuanto a síntomas persistentes, 13 de ellas sufrían dolores musculares, 13 anormalidades vasculares en la piel, 12 dolor de cabeza, 11 problemas de concentración.

[Añadido el 9/I/2017]
Los drs. Martínez-Lavin & Amezcua-Guerra en 2017 (vía Miguel Jara) publicaron, además de una revisión más completa de series de casos, una crítica a los ensayos aleatorizados realizados, incluyendo los 2 con placebo sin aluminio: además de referirse a una publicación previa del FUTURE II según protocolo 018 (con seguimiento de 18 meses) al que refiero en el siguiente apartado (con seguimiento de mediana 3'6 años), comentan el ensayo publicado por Garland et alter en 2015 para la vacuna nonavalente. El estudio de Martínez-Lavin & Amezcua-Guerra no hace variar mi análisis, sólo lo completa.

Ensayos aleatorizados: a prueba de fallos

¿Como es posible que nada de todo esto haya surgido en los ensayos clínicos controlados aleatorizados que se llevaron a cabo antes de la aprobación de las vacunas contra el VPH?

Pues bien, tenemos dos motivos.

El primero es la inclusión del aluminio en el placebo en dichos ensayos: sólo desde el cinismo más absoluto, mi opinión, se puede defender la inclusión de una sustancia cuyo papel es fomentar la reacción del sistema inmune dentro del placebo.

Para empezar, voy a comprobar los artículos citados por Centinel (copio, pego... y comento) exponiendo resultados de los ensayos aleatorizados llevados a cabo para la aprobación tanto de Gardasil:
como Cervarix;
Ya veis, todo placebo bien aderezado con aluminio, no sea que la aprobación de la vacuna se vaya a ver comprometida.

¿Tenemos algún ensayo aleatorizado de la vacuna contra el VPH donde se haya utilizado placebo sin aluminio en el grupo de control? Pues sí, al menos uno (no voy a ser exhaustivo en la búsqueda) del Gardasil comentado por Tomljenovic & Shaw en 2011:
Para la evaluación de condiciones graves, el fabricante agrupó los resultados de los participantes en los estudios que recibieron el placebo salino con aquellos que recibieron el placebo conteniendo aluminio y los presentó como un único grupo de ‘control’.
Exactamente. A pesar de que se disponía de datos separados para sujetos recibiendo placebo sin aluminio (suero salino sin aluminio en el protocolo 018), el artículo del dr. Block et alter en 2010 no detalla por separado —para con/sin aluminio— los efectos adversos de mayor relevancia: ni en el caso de muertes, ni de síncope, ni nada parecido.

A mí con parte de la información hasta aquí ya me llegó para proponerle a mi ex que no vacunásemos a nuestras hijas contra el virus del papiloma humano. Pues bien, aún hay más. Agarraos que vienen curvas.

Traduzco completa la subsección “Evaluaciones de seguridad” del artículo del dr. Block et alter en 2010 (mis cursivas, mis negritas y mis subrayados):
Todos los ensayos evaluaron la seguridad mediante la observación de los sujetos durante al menos 30 minutos mientras permanecían sentados o acostados tras cada inyección, seguido de la vigilancia apoyada en tarjeta de informe de vacunación (VRC) para  recolectar eventos adversos (AEs, tanto graves como no) y cualquier uso de vacunas o medicamentos concomitante en los días 1 a 15 postvacunal. Aunque todos los AEs pueden haber sido anotados por los sujetos del estudio o sus cuidadores durante el total del periodo de 15 días postvacunal, las VRCs en todos los estudios promovían la anotación de temperaturas numéricas y los AEs en el lugar de la inyección, dolor, rojez, hinchazón solamente en los días 1 a 5. Además, en el protocolo 018, AEs sistémicos de músculos irritados o doloridos, articulaciones irritadas o doloridas, dolores de cabeza, urticaria u otro sarpullido, y diarrea fueron apuntados en la VCR por 15 días. El investigador era responsable de determinar la gravedad, acción tomada y relación con el estudio de la vacuna para cualquier AE anotado en la VCR. Los siguientes criterios fueron usados para evaluar la relación entre vacunación y el AE: (1) exposición, (2) curso temporal, (3) causa probable, y (4) reexposición. Sólo un subconjunto de los sujetos del protocolo 015 (n = 911) fueron seguidos utilizando la vigilancia apoyada en VCR, mientras el resto de sujetos fueron evaluados usando un sistema de vigilancia general en el cual se realizaron preguntas en cada visita para determinar si algún AE grave había tenido lugar. 
Los AEs graves habían de ser anotados en cualquier momento durante los estudios si el suceso resultaba en muerte o era considerado por el investigador que estaba relacionado con la vacuna o el placebo (es decir, relacionado con el tratamiento) o con un procedimiento del estudio. Borradores obligatorios fueron completados para garantizar que ningún AE grave quedase sin anotar. 
En todos los ensayos, los sujetos fueron evaluados respecto a nuevas condiciones médicas durante el curso total del seguimiento. La historia médica de cada sujeto fue anotada en el día 1, incluyendo tanto cualquier condición médica aguda o crónica que hubiese ocurrido durante el año previo antes de la entrada en el estudio como cualquier condición o procedimiento ginecológico previo. Tras el día 1, cualquier condición médica/ginecológica o procedimiento que ocurriese desde la última visita sería anotado. Nuevas condiciones médicas no fueron consideras AEs si ocurrían tras el mes 7 o no fueron consideradas  por los invesigadores estar relacionasdas con la vacuna o el placebo o procedimiento del estudio.
(El estudio consistía en 3 inoculaciones, la primera el día 1, la última a los 6 meses de ésta.) ¿Qué tenemos plasmado en este apartado?: perfectamente escondido a plena vista, tras verborrea tranquilizadora sobre tarjetas, borradores e historias clínicas explícitamente subjetivas y por tanto altamente proclives a sesgo, está el diseño explícito de los ensayos con vacunas para evitar detectar cualquier efecto adverso incómodo, introduciendo límites a la temporalidad y dando rienda suelta a la subjetividad en la anotación de los mismos.


Exposé de Frederik Joelving

¿Paranoico y alarmista?: ante la incapacidad de los expertos de mostrar espíritu crítico en vez de plasmar su fe (¿o interés económico del que paga?) en el diseño de los ensayos clínico de vacunas, ha tenido que ser Frederik Joelving, periodista de investigación, el que destape las consecuencias del dolo en  dicho diseño: Qué se les puede haber escapado a las pruebas del Gardasil (vía dr. Gérvas).

El artículo se centra principalmente en Kesia Lyng, participante en uno de los ensayos analizados por Block et alter en su artículo de 2010, el FUTURE II. Recibió su primera inoculación el 19 de septiembre  de 2002. Los síntomas aparecieron el 14 de noviembre poco después de recibir la segunda inoculación, para no desaparecer: inicialmente sensación de estar pasando la gripe, seguido dolor muscular, cansancio y somnolencia, generalizados y persistentes, que finalmente la obligó a dejar la escuela. Tras obtener 2.300 páginas de documentos mediante peticiones de libertad de información, Joelving corroboró que esta sintomatología no fue incluída como ningún evento adverso en el ensayo a pesar de que Lyng comentó sus síntomas en todas y cada una de sus posteriores visitas de los 4 años del estudio. No fue el único caso que localizó Joelving, sino que comenta otros dos donde mágicamente no aparecen los eventos adversos sino, como mucho, mera anotación en la historia médica. En total detectó 6 casos en la rama danesa del estudio FUTURE II: no sé cuántas de las más de 12.000 participantes en 13 países corresponde a Dinamarca, pero desde luego ya hace saltar la excusa de eventos tan raros.

No fue hasta el año 2016 cuando Lyng recibió el diagnóstico de síndrome de fatiga crónica.


Cinismo

Es curioso como cuando la aplicación de la vacuna da lugar a síncope y desvanecimientos en adolescentes, como lo ocurrido en Colombia, se culpa a las propias chicas de tener una reacción psicosomática, cuando ya está incluida la reacción en los efectos adversos según la ficha de la misma. Si aún a alguien le cupiese la duda de que esta reacción adversa fuese psicosomática, incluso en los ensayos clínicos, será interesante que explique por qué se produce en gatos y perros vacunados. Los que afirman que de haber tal reacción se habría visto en los ensayos aleatorizados diferencia apreciable entre vacuna y placebo, que expliquen por qué cuando sí se utiliza placebo inocuo en un grupo control, los resultados se emponzoñan mezclando con otro grupo control con aluminio en el placebo: ahí tenemos lo comentado antes respecto al artículo del dr. Block et alter en 2010 sin detallar en los grupos placebo por separado los casos, ni para muertes, ni para síncope, ni para lo que les parezca.

Mientras tanto en España también tenemos casos de efectos adversos supuestamente por la vacunación contra el VPH, como los casos ocurridos en Valencia comentados por Miguel Jara: echad un vistazo a los síntomas descritos. No sólo eso, sino que en 2012 una joven asturiana entró en coma y luego murió tras recibir una segunda dosis de la vacuna, cuando ya la primera no sólo le había producido síntomas similares a los descritos en las series de casos que os he expuesto, sino exacerbamiento de crisis asmática. Pues bien, el cinismo en este caso va desde el decir que la relación causal es sólo jurídica hasta el desligarla de la vacuna y cargar la culpa exclusivamente a mala praxis; ya, para lo que conviene tenemos que el virus del papiloma humano es causa necesaria (aunque tenga que añadir cepas indeterminadas que no sé qué presencia tienen en la población general) mientras que aquí la vacuna simplemente pasaba por allí. Que os quede claro:
Sin vacuna, no habría habido muerte, esto es, la vacuna ha sido causa necesaria.
¿Hay fallecimientos por culpa de otros medicamentos? Pues sí, y claramente hay que seguir usándolos si salvan vidas en el corto plazo, tales como antibióticos o, de ser el caso, vacunas contra enfermedades con incidencia temporal en la población vacunada. Más indefendible es el uso y venta sin control de medicamentos que no curan absolutamente nada, como el paracetamol.


Resumen y conclusión


Algunas cepas del virus del papiloma humano están claramente implicadas en un porcentaje considerable de casos de cáncer de cuello de útero. Las vacunas disponibles inmunizan contra una parte de ellas (cepas presentes en un 55'9% de los cánceres de cérvix en España), y aunque no se sabe qué reducción de casos de cáncer de cérvix traerá consigo debido a la larga latencia desde la infección hasta el cáncer, está reduciendo las lesiones precancerosas donde se ha vacunado intensivamente contra el virus.

De no mostrar efectos adversos graves sería por tanto buena idea vacunar a nuestras hijas... pero no en caso contrario. ¿Por qué?: por dos motivos. Primero, porque está por ver cuál será la incidencia del cáncer de cérvix cuando se normalicen los niveles de calcidiol (vitamina D semiactivada) en sangre de la población en niveles no paupérrimos (mayores a 30ng/ml).

Segundo, porque no es justificable éticamente, mi opinión, la defensa del beneficio basándose en una ganancia media en longevidad: estamos equiparando el valor de los años sean estos añadidos o reducidos (incluyendo empeoramiento de calidad de vida) sea donde sea:
  • Potencialmente añadimos una media de 10–15 años de vida a partir de en media los 64 años de edad a un 0'3% • 55'9% = 0'1677% de la población femenina 
  • Empeoramos la calidad de vida restante (taras de movilidad, cognitivas y de autosuficiencia) a partir de una edad de unos 15 años a un porcentaje por determinar de la población femenina.
No hay beneficio a corto plazo, no hay fallecimientos por cáncer de cérvix en adolescentes; no es ético alargar la vida a adultas y ancianas a costa de reducir la calidad y potencial de vida de niñas. Si ya no sólo es empeoramiento de la calidad de vida sino acortamiento de la misma (caso de la adolescente asturiana), menos ético me parece. Y no, no sabemos la mortalidad debida a la vacuna porque no sabemos cuántas muertes se han producido según el placebo haya contenido aluminio o no.

El sesgo de la literatura científica, principalmente por culpa de las compañías farmacéuticas, está ampliamente documentado. Sin ser exhaustivos: la entrada reciente del blog de No Graciasel ensayo y la entrevista al Dr. Ioannidis; el ensayo de  Greenhalgh et alter de 2014 —comentado por el Dr. Wheelock—; libros como Medicamentos que matan y crimen organizado —entrevista— del dr. Gøtzsche, Rigor Mortis de Richard Harris, Bad Pharma del dr. Goldacre, Doctoring Data del dr. Kendrick. Ignorar este hecho y proceder con las anteojeras puestas a un análisis superficial de riesgo-beneficio basado en resumir los datos reportados en la literatura científica procedente de ensayos clínicos aleatorizados sin cuestionar la calidad de esos datos, es claramente ingenuo. Hemos de preguntarnos:
Dada la discrepancia en efectos adversos graves entre series de casos clínicos publicados y los expuestos en los ensayos clínicos aleatorizados, ¿será ésta debida a una simple  asociación casual y no causal encontrada entre los síntomas y la administración de la vacuna en las series de casos?, es decir, ¿será la vacuna inocente?
Espero que tras el trabajo de investigación de Frederik Joelving quede claro que la discrepancia en realidad es debida al doloso diseño de los ensayos clínicos aleatorizados, diseñados para no fallar: desde la inclusión del aluminio en el placebo hasta el diseño de protocolos con recolección de datos claramente sesgado hacia la ignorancia de lo que no convenga. Si los ensayos clínicos aleatorizados han sido apañados ya en su concepción, la conclusión de cualquier metaanálisis será simple basura.

¿Merece la pena vacunar a nuestras hijas contra algunas cepas del virus del papiloma humano?: yo no soy aficionado a la ruleta rusa, o sea que a mis hijas NO, gracias.